Reseñas

Sobre el duelo de Chimamanda Ngozi Adichie

Por Mina Riffo

La pena es un tipo de enseñanza cruel. Aprendes lo poco amable que puede ser el duelo, lo lleno de rabia que puede estar. Aprendes lo insustancial que puede resultarte el pésame. Aprendes lo mucho que tiene que ver la pena con el lenguaje, con la incapacidad del lenguaje y con la necesidad de lenguaje. ¿Por qué noto los costados tan cansados y doloridos? De llorar, me dicen. No sabía que llorásemos con los músculos». Esto es lo que escribe Chimamanda Ngozi Adichie, escritora nigeriana, en su nuevo libro Sobre el duelo.

El 10 de junio de 2020 muere su padre, James Nwoye Adichie, de una falla renal. En plena pandemia mundial, con las fronteras nigerianas cerradas y ella en Estados Unidos. Este es el contexto del libro más reciente de la reconocida autora, que a diferencia de sus otras obras es más bien un registro autobiográfico de su proceso de luto. En sus 112 páginas nos cuenta como vive un duelo naturalmente doloroso al que se le suma el contexto pandémico. Chimamanda nos cuenta como se entera de la noticia, sus primeras reacciones, la organización con sus hermanos en Nigeria para los planes para el funeral y el entierro.

“Quiero proteger estas sensaciones extrañas, esta serie apabullante de colinas y valles. Está la desesperación por deshacerme de esta carga, y también un anhelo enfrentado de mimarla, de abrazarla. ¿Es posible volverse posesiva con el propio dolor? Quiero llegar a conocerlo, quiero que me conozca.”

Chimamanda Ngozie Adichie y su padre

Es un libro desgarrador en su simpleza, pues su temática es sumamente dolorosa. Personalmente tengo la fortuna de no haber sufrido la pérdida de familia cercana y es un dolor que solo puedo llegar a imaginar, me permito suponer que el libro le llegara más profundamente a alguien que si haya sufrido este tipo de pérdidas y es porque, tal como dice su título, pasa por todas las fases del duelo. La negación, la depresión, la ira y la lenta aceptación.

Algo interesante que rescato de este libro y que está alejado de su triste temática, es la información que recibimos de la cultura Igbo, etnia africana a la que Chimamanda y su familia pertenecen, nos cuenta sus tradiciones funerarias, ceremonias de entierro, un poco de su cosmovisión así como sobre su idioma, también llamado Igbo, el cual sus padres le enseñaron a ella y a sus hermanos como primer idioma como forma de transmitir identidad. Un elemento precioso que destaco es el uso de “sobrenombres” o “títulos” del que hacen uso, por ejemplo, Chimamanda era llamada “Ome Ife Ukwu” por su padre, que se traduce como «La que hace grandes cosas» o “Nwoke Neli” que significa «La que vale por muchos hombres» y a su vez ella lo llamaba “Odelu-Ora Abba” cuya traducción literal es “El que escribe para nuestra comunidad”.

Creo que va quedando clara la profunda cercanía que la autora con su padre, pero nos deja claro que esta cercanía se extiende a toda la familia. A sus padres y cinco hermanos, nos comenta lo unidos que son y todo el amor con el que fueron criados. Sobre el duelo me parece la forma en que Chimamanda utilizó la escritura para entender este difícil momento y a si misma mientras lo vivía pero también me parece una carta de amor a la vida de su padre.

 “¿Quizá el amor, aunque sea inconscientemente, conlleva la arrogancia engañosa de creerse a salvo de la pena?”

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