Columnas y ensayos

Los Juegos del Hambre y la política de hacer morir

En una oscura versión del futuro próximo, doce chicos y doce chicas se ven obligados a participar en un reality show llamado Los Juegos del Hambre. Sólo hay una regla: matar o morir«, esa es la premisa con la que se publicó la novela de la escritora Suzanne Collins en 2008.

El mundo que Collins construye nos muestra que durante 74 años se han realizando Los Juegos del Hambre en el país de Panem, un lugar con un régimen autoritario liderado por el presidente Corionalus Snow. Para los juegos se eligen a veinticuatro niños entre los doce y dieciocho años, pertenecientes a doce distritos como “tributos”. Los elegidos son llevados a la arena donde se realizan los Juegos del Hambre y deben matarse entre sí, como castigo por las rebeliones iniciadas en el pasado por los ciudadanos. El ganador o ganadora de los Juegos del Hambre será la última persona sobreviviente. El evento es transmitido por todo el país, y todos los ciudadanos están obligados a ser espectadores. Las personas de los distritos miran con horror como se matan jóvenes, mientras que en El Capitolio el sector de la élite de Panem, disfrutan del sangriento espectáculo. 

La historia empieza cuando la protagonista, Katniss Everdeen, perteneciente al Distrito 12, el sector más pobre de Panem, describe este mundo y se enfrenta a la ceremonia de selección para los juegos. Su hermana menor Primrose es elegida, y Katniss decide ofrecerse como voluntaria para salvarla de la muerte. Katniss va al Capitolio para ser parte de los Juegos del Hambre y hace todo lo posible por sobrevivir.

Collins, autora del libro que después se volvió una trilogía al agregar los tomos de En Llamas (2009) y Sinsajo (2010) a la historia, anunció que la historia estaba basada por el mito de Teseo y el Minotauro. Dicho mito cuenta que como castigo por los crímenes del pasado, las fuerzas de Atenas, entregaban siete hombres y siete mujeres como tributos al rey Minos, quien los llevaba al laberinto del Minotauro a morir. Los sacrificios terminaron sólo porque Teseo se presentó como voluntario y terminó con estos castigos. En este caso, la novela Los Juegos del Hambre nos presenta como el hambre y la muerte son políticas de un estado para reprimir a una población. Un claro ejemplo de biopolítica como lo ha presentado Michel Foucault y la tanatopolítica, temática que ha trabajado Roberto Esposito

«Hacer morir o dejar vivir»

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La biopolítica del universo de Los Juegos del Hambre se observa en que a través de estos juegos, el Capitolio y el estado autoritario decide hacer una política de muerte y decide quiénes deben morir o no, negocian con ellos. Según Foucault, el estado soberano es quien toma esta decisión a partir del derecho de la formulación de vida y muerte, y que eso se reduce al simple derecho que tienen ellos de “hacer morir o de dejar vivir”.

En el caso de Los Juegos del Hambre, el Capitolio y el Presidente Snow ordena explotar los cuerpos y las vidas de las personas de los distritos (población que no pertenece a la élite) para quedarse con sus producciones y alimentos. Este estado además de la explotación de los trabajadores y la violencia que ejerce sobre los habitantes que no son de la élite, los deja en la pobreza, en precariedades de salud y alimentos. Uno de los más afectados es el distrito donde vive Katniss, su protagonista, y que por aquella razón el colocar sus nombres para ser elegidos en los Juegos del Hambre y ganar, significa conseguir dinero y traer recursos a su hogar. Un uso también de la biopolítica a nivel del cuerpo humano y que se ha centrado en el “cuerpo como máquina, su entrenamiento, el incremento de sus aptitudes, la extracción de sus fuerzas, el crecimiento paralelo de su utilidad y su docilidad, su integración a sistema de control eficaces y económicos”. (Benente, M. 2017, p. 183.) 

Por otro lado, el estado totalitario de Panem explota a la población, les tiene en control por sistema de vigilancia y seguridad, también les reprime mediante las fuerzas policiales de los Agentes de la Paz, mientras que además obliga a sus ciudadanos a observar como dos de sus niños son elegidos para ser parte de un juego de muerte cruda. Saidel dirá en este aspecto que la gobernabilidad “designa un conjunto de instituciones, procedimientos, análisis, y cálculos que tienen como objetivo principal la población, como forma privilegiada de saber la economía política y como instrumento técnico esencial los dispositivos de seguridad”, (Saidel, M. 2013, p. 93.) 

En este sentido, podemos decir que el Capitolio, Snow y los personajes que corresponden al estado del universo de Los Juegos del Hambre eligen a quiénes hacen morir y quiénes dejan vivir, usan su derecho de vida y de muerte, pero que mayoritariamente está del lado de la muerte.  

Uno de los ejemplos se puede observar en la misma narración de su protagonista, donde se ve como el estado permite esta biopolítica de la muerte a través de la pobreza y el hambre:

“(…) el sistema de la cosecha es injusto y los pobres se llevan la peor parte. Te conviertes en elegible para la cosecha cuando cumples los doce años; ese año, tu nombre entra una vez en el sorteo. A los trece, dos veces; y así hasta que llegas a los dieciocho, el último año de elegibilidad, y tu nombre entra en la urna siete veces. El sistema incluye a todos los ciudadanos de los doce distritos de Panem. 

Sin embargo, hay gato encerrado. Digamos que eres pobre y te estás muriendo de hambre, como nos pasaba a nosotras. Tienes la posibilidad de añadir tu nombre más veces a cambio de teselas; cada tesela vale por un exiguo suministro anual de cereales y aceite para una persona. También puedes hacer ese intercambio por cada miembro de tu familia, motivo por el que, cuando yo tenía doce años, mi nombre entró cuatro veces en el sorteo. Una porque era lo mínimo, y tres veces más por las teselas para conseguir cereales y aceite para Prim, mi madre y yo. De hecho, he tenido que hacer lo mismo todos los años, y las inscripciones en el sorteo son acumulativas. Por eso, ahora, a los dieciséis años, mi nombre entrará veinte veces en el sorteo de la cosecha. Gale, que tiene dieciocho y lleva siete años ayudando o alimentando el solo a una familia de cinco, tendrá cuarenta y dos papeletas.” (Collins, S. 2008. p. 11).  

Así, en este libro se puede ver cómo se aplica la biopolítica de la población sobre el cuerpo y la especie, y se puede ligar también con la tanatopolítica, tema presentado por Roberto Esposito. Según Esposito, la tanatopolítica tiene la noción de que el enemigo es interno y que por eso hay que tomar medidas, aunque sean drásticas. En este caso podemos ver que en Panem organiza estos juegos para tener bajo control a la población y evitar rebeliones. En Panem utilizan la muerte para establecer orden. El capitolio tiene control de estos distritos no importa que se mueran, pues ellos se importan a sí mismo su estatus quo que viven con riqueza y forma banal.

La política de la muerte

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Katniss Everdeen, es la protagonista que se rebela y entra a este sistema para desbaratarlo mediante el sacrificio que hace para proteger a su hermana menor y evitar que entre en este juego de tanatopolítica. Suzanne Collins, a través de su heroína, en sólo el primer capítulo nos presenta como el gobierno de Panem, comandado por el presidente Snow, y las personas de élite del Capitolio han establecido lo cruel que la tanatopolítica es y puede llegar a ser. 

A la una en punto nos dirigimos a la plaza. La asistencia es obligatoria, a no ser que estés a las puertas de la muerte. Esta noche los funcionarios recorrerán las casas para comprobarlo. Si alguien ha mentido, lo meterán en la cárcel. 

Es una verdadera pena que la ceremonia de la cosecha se celebre en la plaza, uno de los pocos lugares agradables del Distrito 12. La plaza está rodeada de tiendas y, en los días de mercado, sobre todo si hace buen tiempo, parece que es fiesta. Sin embargo, hoy, a pesar de los banderines de colores que cuelgan de los edificios, se respira un ambiente de tristeza. Las cámaras de televisión, encaramadas como águilas ratoneras en los tejados, sólo sirven para acentuar la sensación. 

La gente entra en silencio y ficha; la cosecha también es la oportunidad perfecta para que el Capitolio lleve la cuenta de la población. Conducen a los chicos de entre doce y dieciocho años a las áreas delimitadas con cuerdas y divididas por edades, con los mayores delante y los jóvenes, como Prim, detrás. Los familiares se ponen en fila alrededor del perímetro, todos cogidos con fuerza de la mano. También hay otros, los que no tienen a nadie que perder o ya no les importa, que se cuelan entre la multitud para apostar por quiénes serán los dos chicos elegidos. (…)” (Collins, S. 2008. p. 28).   

Collins continúa la explicación de este sistema de gobierno, con lo siguiente: 

“Justo cuando el reloj da las dos, el alcalde sube al podio y empieza a leer. Es la misma historia de todos los años, en la que habla de la creación de Panem, el país que se levantó de las cenizas de un lugar antes llamado Norteamérica. Enumera la lista de desastres, las sequías, las tormentas, los incendios, los mares que subieron y se tragaron gran parte de la tierra, y la brutal guerra por hacerse con los pocos recursos que quedaron. El resultado fue Panem, un reluciente Capitolio rodeado por trece distritos, que llevó la paz y la prosperidad a sus ciudadanos. Entonces llegaron los Días Oscuros, la rebelión de los distritos contra el Capitolio. Derrotaron a doce de ellos y aniquilaron al decimotercero. El Tratado de la Traición nos dio unas nuevas leyes para garantizar la paz y, como recordatorio anual de que los Días Oscuros no deben volver a repetirse, nos dio también los Juegos del Hambre. 

Las reglas de los Juegos del Hambre son sencillas: en castigo por la rebelión, cada uno de los doce distritos debe entregar a un chico y una chica, llamados tributos, para que participen. Los veinticuatro tributos se encierran en un enorme estadio al aire libre en la que puede haber cualquier cosa, desde un desierto abrasador hasta un páramo helado. Una vez dentro, los competidores tienen que luchar a muerte durante un periodo de varias semanas; el que quede vivo, gana. Coger a los chicos de nuestros distritos y obligarlos a matarse entre ellos mientras los demás observamos; así nos recuerda el Capitolio que estamos completamente a su merced, y que tendríamos muy pocas posibilidades de sobrevivir a otra rebelión. Da igual las palabras que utilicen, porque el verdadero mensaje queda claro: «Mirad cómo nos llevamos a vuestros hijos y los sacrificamos sin que podáis hacer nada al respecto. Si levantáis un solo dedo, os destrozaremos a todos, igual que hicimos con el Distrito 13». 

Para que resulte humillante además de una tortura, el Capitolio exige que tratemos los Juegos del Hambre como una festividad, un acontecimiento deportivo en el que los distritos compiten entre sí. Al último tributo vivo se le recompensa con una vida fácil, y su distrito recibe premios, sobre todo comida. El Capitolio regala cereales y aceite al distrito ganador durante todo el año, e incluso algunos manjares como azúcar, mientras el resto de nosotros luchamos por no morir de hambre.” (Collins, S. 2008. p. 28). 

El vencedor o ganador de los juegos también cumple el rol de ser una excepción en este sistema, son adorados y considerados sagrados. Sin embargo, los triunfadores no son libres ya que están obligados a estar bajo funciones del mismo Capitolio. Esta idea se ve explorada con mayor detalle en los siguientes libros de la trilogía: En Llamas y Sinsajo, donde los vencedores de los anteriores juegos tampoco son capaces de salir libres de la violencia simbólica e institucional en la que están sumergidos. 

De esta manera podemos ver cómo la biopolítica y la gobernabilidad son representadas en una novela enfocada para un público adulto juvenil y de ciencia ficción. Los Juegos del Hambre nos muestra como un estado puede aplicar el derecho de la vida y la muerte como un modo de establecer orden en una nación y gobernarla.

La tanatopolítica, por su parte, se ve en el primer tomo de esta trilogía y se explora con mayor detalle en las tramas que siguen junto al estado de excepción como antes fue señalado. Sin embargo, el punto que marca mayor atención de estos libros es cómo este tipo de políticas se utilizan después de grandes conflictos bélicos y rebeliones. Un sistema que comienza a tambalear gracias al sacrificio de la versión femenina de Teseo, reflejada en Katniss: protagonista adolescente, una heroína que se convierte en la inspiración de un pueblo que se alza en una nueva revolución, acciones que los lleva a una batalla por su libertad, con el fin evitar más injusticias y sometimientos, pero que sin embargo no les libra de los violentos efectos que esta guerra pueda significar. 

Bibliografía

Collins, S. (2008). Los Juegos del Hambre. Editorial Scholastic Corporation. 227 pp. 

Benente, M. (2017).  Biopolítica y Tanatopolítica en Michel Foucault y Roberto Esposito. Reflexión Política, vol. 19, núm. 37. Universidad Autónoma de Bucaramanga Bucaramanga, Colombia. 

Saidel, M. (2013). Lecturas de la biopolítica: Foucault, Agamben, Esposito. 20 pp. 

Vania Ramos

Periodista y directora de @leemujeres. Me gusta hablar sobre libros de fantasía, ciencia ficción, terror, etc.

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