Reseñas

‘Hasta ya no ir y otros textos’ de Beatriz García-Huidobro

Por Belén Leyton

Beatriz García-Huidobro (Santiago, 1959), profesora y magíster en literatura, nos entrega historias desgarradoras con palabras hermosas en su libro «Hasta ya no ir y otros textos«. En su texto, García-Huidobro nos sumerge en el campo, en la ciudad, en la añoranza de las olas. Nos convierte en niñas traviesas que quieren volar y explorar. 

Es la recopilación de cuatro novelas cortas: Hasta ya no ir, Marea, Fatiga de material y Jardín japonés. Todos habitados por niñas y adolescentes; protagonistas y espectadoras.

Leerlos es como leer la historia de cada una de nosotras. Es dolor, pena, inocencia, mar y voces encerradas. Son historias de mujeres que giran alrededor de otros. Mujeres que orbitan en un mundo secuestrado por hombres. Están ahogadas, contenidas, quieren vivir pero no saben cómo. La realidad las oprime, las empequeñece, las encierra. Las salidas carecen de esperanza y nos muestra que ser mujer es un factor de riesgo.

Junto a la realidad cotidiana, que va desde la regla hasta cocinar, relatan las situaciones horribles que viven y las cuentan de forma natural. Mujeres acostumbradas a las vejaciones que sufren por ser mujer, a la vida dura y el orden natural de las cosas. Hablan sobre los golpes, violaciones y abusos, también del Caso Quemados, los montajes, las desapariciones, como si fuera pura normalidad.

Sus historias se entrecruzan con la historia de Chile, pero es sólo un dolor más. Conocen a jóvenes idealistas, el tiempo de la Unidad Popular, la reforma agraria, las desapariciones y matanzas de la dictadura, también a sus partidarios y a los que dejaron de creer.

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La única vida que conocen es de sumisión. Están rodeada de mujeres-objeto. Algunas están adornadas con alambres, otras son solteronas, otras sirven para casarse y tener hijos. No es precisamente la historia de heroínas, más bien es sobre el contexto que tienen que vivir siendo niñas; al igual que cualquier niña en cualquier lugar.

Su ambiente psicológico, donde la soledad y la incertidumbre son protagonistas, se mezcla con el polvo del campo seco y la brisa con gotas de mar. La trama se desarrolla en su mayoría dentro de cuatro paredes, pero también en un encierro interior. Es claustrofóbico y al igual que las protagonistas, la escritura te lleva a querer huir.

No hay principio ni final, porque no se puede tener rumbo sin camino. Son personajes complejo, pero a la vez vacíos. Despojados de libertad. Sin aspiraciones ni pensamientos propios. Sólo adolescentes a las que les pasan cosas y son presas de su entorno, del machismo y de los hombres.

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En Hasta ya no ir conocemos la historia de una niña que vive alejada de las grandes ciudades y nunca conoció el mar. Una niña que es abusada, violada y maltratada. Pareciera comprender todo lo importante, pero lo oculta con una capa de silencio mientras su cuerpo se mantiene infantil. En el fondo sigue siendo una niña obligada por las circunstancias que sólo quiere huir.

En Marea se narra la historia de una niña que vive con su abuela y lo que más desea es bañarse en el mar. Conocemos sus pensamientos, sus miedos, sus vivencias comunes en el colegio. Tal vez les haga recordar a esas viejitas pesadas que sólo mandan y retan, al menos eso me pasó a mí.

En Fatiga de material encontramos a una joven que sólo vive para cuidar a la que era su madre. A la que un tumor cambió por completo. Esa madre que sólo quiere ir al mar y se conforma con un clip que repite las olas una y otra vez. Esa madre violada por el esposo cada noche, esa joven abusada por su hermano cuando era pequeña.

Y por último Jardín japonés, donde una niña aprende a mentir, también a robar. Vive con un abuelo militar y misógino, con una abuela sumisa y arribista. Sus padres luchaban contra la dictadura, sólo su madre está viva y apenas la conoce. Vive acosada por personas que buscan a su madre. Finge tanto, que no sabe quién es; cambia dependiendo de con quién esté. Lo que más quiere es una bicicleta, pero nadie le hace caso.

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